Construir hoy, la vida que queremos mañana

Por Silvia María Balut

El futuro que imaginamos se comienza a construir mucho antes que llegue. ¿Alguna vez te preguntaste como queres llegar a los 70, 80 o 90 años? Me refiero a cómo queres vivir esos años. ¿Cómo queres sentirte? ¿Cómo queres que esté tu cuerpo? ¿Quiénes queres que estén a tu lado? ¿Pensaste en seguir teniendo proyectos, metas, algo que te entusiasme, que te desafié, que te mantenga vivo?

Seguramente estas preguntas aparezcan en nuestros pensamientos cuando nos vamos a cercando a la vejez, sin embargo, la forma en que llegaremos a ese futuro comienza a construirse mucho antes. Hoy.

Cuando tenemos 30 o 40 años, el futuro parece lejano. Sentimos que tenemos tiempo de sobra y que determinadas cosas “todavía no nos van a pasar”. Y es lógico: estamos ocupados construyendo nuestra vida, trabajando, criando hijos, estudiando, emprendiendo, resolviendo problemas. Mientras hacemos todo eso, también estamos construyendo silenciosamente a la persona que seremos mañana.

Nuestro futuro se va construyendo en lo cotidiano, a través de los hábitos que parecen pequeñas acciones que hacemos, pero con los años toman otra dimensión. Una noche de mal dormir no determina nuestra salud. Un día sin movernos tampoco. Una comida poco saludable no cambia nuestro futuro. Un momento de estrés es parte de la vida, pero cuando estas elecciones se van convirtiendo en nuestra forma habitual de vivir, tienen gran impacto en nuestra vida. Esto también ocurre cuando dormimos bien, movemos el cuerpo, aprendemos a gestionar el estrés, cuidamos nuestros vínculos, pedimos ayuda cuando la necesitamos, trabajamos con nuestras emociones y pensamientos, estas pequeñas decisiones cotidianas, repetidas en el tiempo se convierten en grandes recursos para nuestro futuro.

Imaginemos que conversamos con nuestro ¨YO futuro¨, con esa persona que vamos a ser en 20 o 30 años. ¿Que nos pediría? ¿Que nos diría?: ¨Gracias por cuidar mi cuerpo¨ ¨Gracias ´por haber cuidado a tus amigos¨¨Gracias por lo valiente que fuiste en pedir ayuda¨ Gracias por haber aprendido a manejar la ansiedad¨¨Gracias por haber manteniendo proyectos¨¨Gracias por haber aprendido a parar¨. Esta última es la que nos lleva a reflexionar acerca de la importancia de hacer STOP en nuestra vida, vivimos a tanta velocidad y muchas veces dejamos de preguntarnos cómo estamos viviendo.

 En ese Stop necesario podemos detenernos y observar, cómo me siento, cómo estoy. Cómo está mi cuerpo, mis pensamientos, mis vínculos, mis hábitos para luego elegir conscientemente qué quiero desde ahora en adelante.

Hacer STOP también es cuidarnos y tomar conciencia a partir de lo que observamos para tener la posibilidad de cambiar. Si seguimos en modo automático, solo repetimos.

Cuando imaginamos nuestro futuro y nuestra longevidad, pensamos inmediatamente en buena alimentación y actividad física pero la realidad es que es mucho más que eso. Si bien son pilares fundamentales, nuestros vínculos, nuestro apoyo social, compartir con nuestros seres queridos, una comida, una llamada, un café también forman parte de cuidar nuestra salud.

Lo mismo ocurre con nuestros proyectos, necesitamos algo que nos motive, que nos conecte, un propósito, que puede ser una profesión, una familia, aprender algo nuevo, crear, ayudar, viajar, enseñar, acompañar o simplemente encontrar aquello que nos hace sentir que nuestra vida tiene significado.

Como también necesitamos cuidar nuestro mundo interno. Aprender a reconocer nuestros pensamientos. Revisar aquellas creencias que nos limitan. Comprender nuestras emociones. Desarrollar herramientas para gestionar el estrés y la ansiedad. Cuidar nuestra mente también es salud.

El presente es el único lugar desde donde podemos construir. No podemos modificar los años que ya pasaron ni tampoco podemos controlar completamente lo que sucederá dentro de 20 años.

La realidad es que no podemos elegir exactamente cuántos años vamos a vivir, pero sí podemos participar activamente en la construcción de cómo queremos vivirlos. Cada hábito que incorporamos, cada vínculo que cuidamos, cada emoción que aprendemos a gestionar, cada momento de descanso que nos permitimos y cada proyecto que sostenemos forma parte de esa construcción.

Por eso, quizás hoy sea un buen momento para detenernos, hacer STOP y preguntarnos: ¿Qué puedo empezar a hacer hoy para que mi yo del futuro me lo agradezca?

Seguinos!

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