Eduardo Wehbe: un hombre con vocación humanitaria

Por Gabriela Parentis

Eduardo Wehbe es miembro  de Médicos Sin Fronteras y viajó a numerosos países como la República Democrática del Congo o Nepal para cumplir con misiones que la organización le encomendó. En una charla amena y cálida, Revista abc entrevistó a este excepcional profesional acerca de cuáles fueron los desafíos que debió afrontar durante sus viajes y los motivos por los que realiza ese trabajo solidario.

¿Cómo llega a Médicos Sin Fronteras (MSF)?

Médicos Sin Fronteras llegó un poco de improviso, porque no lo tenía en el radar. Nací en Tucumán donde me recibí de contador y luego me vine a trabajar a Buenos Aires. Estando ahí conozco y comienzo la carrera de Ciencias + Políticas y, a través de ella a Médicos Sin Fronteras; entonces decidí entrar y aplicar como cualquier persona través de la página web.

Sabiendo del trabajo de la organización, integrarme fue una decisión importante, porque mi vida iba a cambiar. Siempre había estado dedicado a trabajar en empresas como contador, eso fue durante más de 15 años. Entonces pensé que a esa experiencia adquirida podía sumarla en una organización humanitaria y el deseo se convirtió en el destino.

Cuéntenos de su experiencia en la organización.

Una vez que fui seleccionado, participe de una jornada de dos semanas donde te preparan para la misión, aunque nada te puede anticipar lo que vas a vivir como experiencia.

Mi primera misión fue en el Congo, baje del avión a las 12 de la noche en Kigali, la capital de Ruanda, era la primera vez que estaba en África. Fue impactante pensar que estaba en un país que había sido escenario de grandes guerras en ese momento y me pregunte ¿qué hago acá?, pero después confirme que había tomado la decisión correcta.
Ahí vi lo que uno puede producir con su esfuerzo en el bien de la comunidad, me di cuenta que hay mucho por hacer y que toda la experiencia que había dado en la parte privada podía ser aprovechada mucho más. Nada me pudo anticipar lo que viví, en Argentina uno conoce necesidades, pero nada se iguala a la primera experiencia en el Congo.

Todas mis experiencias fueron buenas y ese es un punto característico. Mi familia me decía que estaba loco, pero lo que te devuelve esta experiencia tan enriquecedora y lo que te agradece la comunidad es muy gratificante. Cambian las prioridades, te hacen ver las cosas de otra manera, te muestra que un esfuerzo es necesario, pero nunca suficiente.

Alguna anécdota o experiencia en particular que recuerdes.

Siempre hay muchas anécdotas, pero recuerdo con mucho cariño a un médico que trabajaba para Médicos Sin Fronteras. Él decía “Soy de África y me pase la vida luchando por mi gente”, Jacob me marco mucho porque tenía una conciencia que no había visto en otros lados, fue muy movilizante.

También en una misión en Nepal con una réplica que nos tomó desprevenidos mientras estábamos trabajando en un tercer piso, así que fue un momento de zozobra que no me olvido más.

Otra vez me subí a un helicóptero y estuve a punto de caerme en las montañas en Nepal, fue muy impactante, aunque nosotros sabemos que corremos un riesgo. Aclaro que en estas experiencias que cuento no hay un discurso dramático de la ayuda humanitaria, sino que el hecho de brindar mi esfuerzo en ayuda al otro me llenaron de alegría.

¿Cómo se mantiene un vínculo con los amigos y la familia?

La verdad que no es fácil para un provinciano y norteño de pura cepa donde sabemos que los amigos y la familia son importantes, donde esta cercanía la necesitamos todo el tiempo. Por ejemplo con el Ebola no se podía abrazar, ni tocar a nadie y era muy difícil.

En particular, con familia que está en Tucumán somos muy unidos. Al principio fue difícil, me paso que en el Congo las comunicaciones eran complicadas porque no había internet, pero en el resto de las misiones fue más fácil encontrar alguna red y por ende comunicarse. Tener internet te facilita la comunicación con la familia. En la primera misión todos te preguntan cómo estas y si te sentís seguro.

En lo personal, todo queda como suspendido porque uno se la pasa viajando y dedicando su vida a esto, se hace difícil poder llevar adelante una relación como cualquier persona normal. Así fue que empecé a decidir salir por tiempos cortos para poder construir mi familia y cultivar mis amigos porque lo necesite, pero no fue una decisión fácil. Soy una persona muy apegada, pero hay gente que no le cuesta tanto.

En la actualidad, ¿En qué está trabajando?

Ahora estoy trabajando desde otro lugar, haciendo un asesoramiento de un proyecto de Médicos Sin Fronteras en Latinoamérica, además estoy dando clases en la facultad, dictando un seminario que se llama “Acción humanitaria en el Contexto Internacional” en Flacso y de Teoría de las Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, así que esto de empezar a desacelerar es como empezar a construir de nuevo.

¿Qué es lo más importante hoy en su vida?

Hoy es mi familia, mi bebe de cuatro meses, Margarita, que es lo que más quería. Este aprendizaje del trabajo humanitario va fijando prioridades y ella es la misión más importante de mi vida, hay que ayudarla a crecer.

¿Un sueño?

Me gustaría que no haya más necesidad en el mundo pero si pienso en algo alcanzable, es que yo pueda ser capaz de aportar lo más que pueda para que desde las personas que me rodean o mi trabajo haya alguien mejor todos los días.

Un mensaje para quienes tengan la idea de sumarse a alguna organización en la cabeza.

Le diría a la gente que no hay que tener miedo, hay que jugársela y aportar en una organización seria, que se preocupe por la seguridad de uno.

Hay un mundo por descubrir afuera que merece ser revelado para esas personas que tienen curiosidad, y la devolución de la ayuda que brindas es muy gratificante. 

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