Comunicación Inteligente: Claves para una Oratoria Efectiva – Lic. Romina Setti

¿Nos detenemos a pensar cómo nos expresamos? ¿Se nos hace difícil trasmitir mensajes y que otra persona los comprenda? ¿Logramos motivar e inspirar a otros a través de la palabra?

La comunicación es un intercambio dinámico que genera diferentes comportamientos y actitudes, y por lo tanto, nos permite lograr resultados. Sin embargo, en ese intento de querer que todos nos escuchen y nos entiendan, no siempre las cosas salen como esperábamos. La Comunicación es un proceso en el que las personas construyen significados y desarrollan expectativas, por tal motivo, la percepción será un factor a tener en cuenta (y muchas veces, una barrera). Cada uno de nosotros puede tener diferentes formas de ver su realidad y cuando nos relacionamos con el otro o trabajamos en un equipo, debemos estar preparados para reconocer que las percepciones de las personas pueden ser muy diversas. Tener apertura desarrollará en nosotros empatía y por lo tanto, la capacidad de relacionarnos mejor. ¿Y qué pasa cuando somos nosotros los responsables de comunicar y tenemos la autoexigencia de brindar una buena oratoria?

Somos seres lingüísticos y todo comunica: lenguaje, corporalidad y emoción. Lograr coherencia entre lo que decimos, cómo lo decimos, nuestro tono de voz, gestos, la emocionalidad y estado de ánimo que trasmitimos, son algunos de los factores de éxito en todo discurso. Lo importante no es lo que decimos sino lo que entiende el otro, por lo tanto, es nuestra responsabilidad involucrarnos y comprometernos en comunicarnos de manera efectiva.  Ahora bien, ¿A qué se refiere pensar en una comunicación “inteligente”? Tiene que ver con desarrollar la Inteligencia Emocional para una buena oratoria.  La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de reconocer y manejar nuestras propias emociones y las ajenas, motivarnos y desarrollar buenas relaciones. Entonces ¿Cómo esto podemos aplicarlo en nuestra comunicación?

–           Tener una auto-conciencia emocional: saber identificar cuáles son las emociones que me generan obstáculos y me cierran posibilidades: nuestra inseguridad, nervios, ansiedad. Pero lo importante de esto no es sólo quedarse con las actitudes a mejorar, sino también saber reconocer cuáles emociones sí me suman: alegría, optimismo, perseverancia, es decir aquellas en las que me siento fuerte, mis fortalezas, mi valor agregado. Esto va a empoderar nuestra autoconfianza y autoestima.  Saber que sí somos capaces.

–           Lograr autorregular mis emociones cuando me comunico: Saber dónde siento las emociones y cómo puedo gestionarlas mientras converso o hablo en público nos ayuda a regularnos. Hacerme cargo y transformar mis emociones me permite desarrollar más adaptación y flexibilidad. Y a veces es sólo cuestión de frenar y simplemente respirar, respirar y respirar.

–           Automotivarnos: Reconocer nuestros logros es fundamental, si somos muy exigentes con nosotros mismos y no nos permitimos equivocarnos, nuestra motivación y entusiasmo se verán afectados. Por eso, es una buena estrategia siempre asumir desafíos y animarse a superarse. La oratoria se aprende haciendo oratoria, es decir hablando, practicando, entrenando, y nuevamente hablando.

–           Ser empático y desarrollar habilidades sociales: Una vez que gestionamos internamente nuestras emociones, el foco será el público, nuestro equipo de trabajo, nuestro entorno.  Ponerse en el lugar de quien nos escucha va a ser necesario para que nuestro mensaje llegue de manera efectiva. De nada sirve si no hay otro, por lo tanto, comprender qué sienten y qué los motiva será una prioridad a la hora de comunicarnos. Finalmente, esto nos llevará a ser resonantes, es decir, a ver reflejado en los demás un contagio emocional positivo y sobre todo, a inspirar y marcar una huella con nuestro discurso.

La oratoria como arte de hablar en público puede tener como propósito inspirar, motivar, formar, influir y otras habilidades que nos permiten comunicarnos y llegar a los demás.
La buena noticia es que se puede entrenar y desarrollar. ¿Sentís que tenés timidez? ¿Que te tiembla la voz? Te quiero contar algunos tips que pueden servirte:


Confiá en vos: Seguramente sentís que el miedo te invade. Pero te preguntaste ¿miedo a qué? Si tenés vergüenza empezá a hacer foco cuáles son los juicios que te están cerrando posibilidades, si hay miedo a equivocarte fortalecé tus conocimientos y sobre todo arriesgate, que no pasa nada. Lo que ocurra será parte del aprendizaje.


Utilizá las emociones a tu favor: está comprobado que en la comunicación asertiva, la postura corporal y el tono de voz representan más del 90% del impacto del mensaje. Aprovechá este tip para jugar con las emociones con connotación positiva. Si demostrás alegría o entusiasmo, vas a contagiarlo en quien te escucha. Y sonreí, eso se ve.

Amigate con los silencios: hacer pausas es parte de la estrategia de la oratoria. No sólo ayuda a eliminar muletillas que puedan distraer sino que también genera momentos de impacto, en los que se hace pensar al público, reflexionar.


– Equilibrá tu discurso planificado con la improvisación: es importante saber qué vas a decir y practicar pero no dejes de lado la espontaneidad y flexibilidad. Cómo dato de color no dejes de usar anécdotas, frases o algún storytelling con metáforas. ¡Trasmití autenticidad en tus palabras!

¡Hacelo con miedo pero hacelo!

Lic. Romina Setti – @romi.setti

rominasetti@performconsultora.com

Perform Consultora

www.performconsultora.com

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