#Conversacionesbyflorzumaeta
Por Flor Zumaeta
Vivimos a mil cada día, con nuestro trabajo, con nuestras familias, con nosotros mismos, con nuestros tiempos, nuestros sueños y desafíos. Vivimos al mil por mil veinticuatro horas al día, siete días a la semana, 365 días al año.
Muchos de estos días estamos en “modo automático”, hacemos, vamos, venimos y seguimos haciendo. Aunque estemos así a mil, la vida te regala buenos momentos, casi, casi de manera permanente. Y estos buenos momentos llegan acompañados de una palabra a la cual no estamos acostumbrados a decir y mucho menos a aceptar: “merecer”.
Te cuento un poquito sobre el “merecer”; el merecer es saber recibir todo lo que llega a tu vida y que no es solo una palabra, sino que trae consigo las alegrías, los encuentros, los amores, los amigos, los desafíos, los viajes, etc. Y también te cuento que casi siempre estamos convencidos o bien creemos que no somos merecedores de nada o casi nada, y nos negamos al disfrute.
Nos hacemos muchas preguntas: ¿me lo merezco?, o ¿y si se acaba? o ¿y que van a decir si me ven disfrutar? Y así van surgiendo miles de dudas en nuestro ser interior que nos llevan a cerrarnos al merecimiento y a seguir esforzándonos y exigiéndonos ¿Por qué? Porque tenemos miedo.
Me arriesgo más aún y te digo que si nos está llegando es porque realmente lo MERECEMOS, simple. Si decidimos cerrarnos vamos a perdernos del disfrute, del descansar, de poner pausa y hasta nos negamos a vivir “ese momento” porque sentimos culpas; porque la realidad es que queremos ser más productivos, queremos demostrar, queremos y queremos … y definitivamente tenemos que reconocer que estamos acostumbrados al sacrificio diario de cada cosa que obtenemos y nos olvidamos de lo elemental: vivir, disfrutar, aceptar que merecemos y sacar de nuestra vida al miedo.
Remamos, remamos, aunque no lo necesitamos. Envidiamos al otro, si descubrimos que se permite gozar o simplemente hacer menos. Para eso sí tenemos tiempo y ganas, pero para lo nuestro que es lo que verdaderamente importa no.
Cosas de nuestra mente, que tenemos que poder aprender a modificar para tener una vida más plena y en bienestar. Dejemos de buscar agradar, que nos alaben y más aún esforzarnos para que nos amen por ser perfectos. Porque lo que realmente tenemos que preguntarnos es si realmente tiene que ser así; si vale la pena vivir para agradar, si vale la pena vivir sin disfrutar. Y estoy convencida de que todos y cada uno tenemos y debemos poder disfrutar. Aprender a merecer, aprender a disfrutar.








