Astrología de autor: no te dejes guionar por los astros

Por Camila Figueroa Day – Astro Camus

Conocer tu carta natal no sirve para que te cuenten una película de tu vida, sino para descubrir y elegir, por fin, qué historia querés protagonizar.

Fui criada, como tantas personas en los 90, a base de películas, series y libros donde los protagonistas siempre atravesaban una crisis, algún problema o una situación que los llamaba a juntar valor para salir a la aventura. Superar desafíos para descubrirse a sí mismos, encontrar a sus aliados —obvio, enamorarse— y también enfrentar sus miedos, definir quiénes eran sus enemigos y cuáles eran sus recursos para triunfar. El tan famoso viaje del héroe.

Descubrí que mi forma de entender el mundo fue un poco así: siempre aprendiendo a través de las ficciones ajenas para proyectarlas en mi vida y descubrirme en cada temporada. Siempre busqué un nuevo proyecto del cual enamorarme, elegí personajes secundarios y protagonistas, creé una banda sonora que acompañó cada uno de mis momentos y mis viajes en bondi. Y así también empecé a romantizar mis dolores, como también generé el vicio de buscar siempre un aprendizaje en mis desgracias.

Consciente o inconscientemente, elegimos qué partes van a ser protagonistas y qué energía compartimos con el mundo. Desplegamos una forma de hablar, un tipo de humor, un abanico de intereses, y así dejamos miles de cosas por el camino. Escondemos las partes que creemos disfuncionales o que sentimos que no tenemos el potencial de vivir.

Y, sin darnos tanta cuenta, también proyectamos intensamente en otros para definir quiénes somos y quiénes no, buscando encasillarnos para sentir que protagonizamos algún rol válido en la vida. Sobre todo, frente a esos otros ojos que creemos que están mirando nuestra película.

Hoy, ese mandato de encasillarnos ya no viene solo de nuestras familias, grupos sociales o creencias religiosas. Viene de algo bastante más grande y complejo: el algoritmo.

Entrás a las redes sociales y te bombardean con manuales sobre qué hacer exactamente en cada luna, en cada eclipse y qué no hacer durante cada Mercurio retrógrado. De golpe, la experiencia se define a través de directores externos y no desde nuestro propio registro, nuestra propia información.

Los tiempos en los que la fe operaba como una doctrina homogeneizadora quizás ya no estén tan vigentes, pero, paradójicamente, siento que caemos en la misma trampa. No deberíamos cambiar el temor a Dios por el temor a que Mercurio retrógrado nos arruine la vida.

Para “creer” en la astrología, primero tenemos que creer en nosotros mismos. Crear un registro consciente de nuestro cuerpo, de nuestras narrativas internas y de cómo actuamos cada día.

Por eso entiendo a quienes les hace ruido la astrología de los reels de 40 segundos. Esa idea que generaliza a las personas por el día en que nacieron, generando un constante sesgo de confirmación y una limitación que solo alimenta la crítica.

No todos los geminianos están dispersos ni todos los arianos quieren emprender. No vibramos en una única energía lineal, porque no somos personajes de un solo acto.

Cuando empecé a estudiar mi mapa natal y a integrar la mirada gestáltica, confirmé que la astrología no es un guion cerrado: es un lenguaje simbólico lleno de recursos y potencial.

La carta natal es un mapa que muchas veces nos permite hacer consciente lo inconsciente. Y en las sesiones podemos ponerles voz y significado, mediante arquetipos colectivos y mitos, a experiencias íntimas que vivimos a diario para, así, recuperar nuestra soberanía personal.

No somos únicamente lo que dicen de nuestro signo solar. Somos parte de algo colectivo y más grande, y nuestras vivencias fueron creando los personajes que hoy habitamos. Aun así, cada mapa natal muestra que siempre hay más de una posibilidad de ser.

A medida que crecemos y atravesamos experiencias, vamos ganando acceso a nuevos aspectos propios, creando nuevos escenarios y narrativas que podemos ir observando a través de los ciclos astrológicos.

Con la premisa de que “como es arriba es abajo, y como es adentro es afuera”, podemos descubrir qué energía está disponible para nuestro personaje y cómo la estamos desplegando en el mundo.

Conectar con este lenguaje no se trata de acatar directivas espirituales que te exigen ser de determinada manera. Se trata de descubrir qué energía estás habitando hoy, cuál te acomoda, cuál te nutre y cuál te impulsa.

Es dejar de actuar los guiones por inercia y darnos, por fin, el espacio para conocernos y explorarnos.

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