Chiwetel Ejiofor debuta en la dirección contando la entrañable historia real de William Kamkwamba, un joven malawi que logró fabricar un sistema de bombeo eólico para sobrevivir a la terrible sequía que sufría su pueblo.
“El niño que domó el viento” es una de las película del momento en Netflix y tiene un por qué. Es que esta producción que supone el debut como director de Chiwetel Ejiofor (nominado al Oscar por 12 años de esclavitud) expresa una historia hermosa e inspiradora, adaptación bastante fiel del libro homónimo y autobiográfico que el mismo William Kamkwamba escribió en 2009 contando su hazaña.
Este film narra la historia de un chico que logró construir una turbina sin prácticamente tener conocimientos para ello, más allá de las instrucciones que había leído en un libro. Está basada en hechos reales, algo que le da aún más relevancia. La historia sucedió en Malawi, un país del cono sur de África bastante pobre y con dificultades de todo tipo. Por eso, este drama merece una oportunidad.
La historia sigue a un chico de 13 años, William Kamkwamba (el debutante Maxwell Simba) que es expulsado de la escuela cuando su familia ya no puede pagar las cuotas. El colegio le encanta y se niega a dejarlo atrás, por esto, se cuela sigilosamente en la biblioteca de la institución. Allí una idea ilumina su interior. Con la ayuda de la bicicleta de su padre, construirá un molino de viento, ayudado por su hermana y por otros miembros de su comunidad. Este le permite reparar una bomba de agua con la que extraer este preciado recurso y poder regar en cualquier época del año, independientemente de la estación o de la prolongación de los periodos de sequía, y salvará a su aldea de Malawi del hambre. La película está narrada desde un punto de vista inspirador, narra hechos reales emocionantes que ponen el éxito del ingenio por encima de la ambición y la desesperanza. Es muy potente en el plano sentimental, aunque evita buscar la lágrima fácil y consigue tocar el corazón del espectador desde algo tan genuino como mostrar una realidad.
“El niño que domó el viento” es una película muy recomendable, el final es tan satisfactorio y convincente, que merece la pena mirarla. Te hará valorar el mundo en el que vivimos con una historia de superación. Es una exposición en favor de la propagación del conocimiento y en la necesidad de madurar para sostenerse por uno mismo.
En definitiva, a pesar de algunas críticas por la extensa duración de la película y los inconvenientes que supone jugar con una historia real, Chiwetel Ejiofor sale victorioso de su primera incursión en el mundo detrás de las cámaras y nos deja un relato clásico pero eficaz.








