Hablemos de Hipocondría:

El trastorno de ansiedad sobre problemas de salud

Por Dra. Raquel Barón de Neiburg

“La hipocondría es una típica alteración neurótica-orgánica cuya causa fisiológica se desconoce aún. Se supone que se produce por un estancamiento en el desarrollo psicológico y una concentración o fijación sobre sí mismo (narcisismo), con gran dificultad para relacionarse con el mundo externo”.

Hay que distinguir dos situaciones: una, los procesos orgánicos que no son descartados adecuadamente elevan la tensión sobre los órganos más sensibles y esta tensión hace sentir en forma de sensaciones dolorosas a dichos órganos.

La segunda, la dificultad de relacionarse con los objetos externos centra la descarga de la libido en los propios órganos.

Si la descarga en objetos externos (lo que se denomina catexis objetal) significa la suma total de ideas y sentimientos que una persona tiene en relación a otra u otras personas y, en general, con el mundo externo recibiendo esta relación, una cantidad adecuada de energía psíquica a la vez que el propio cuerpo y sus órganos encuentran sentido en sensaciones y recuerdos.

La imagen corporal que se crea en estas condiciones de desarrollo tiene una enorme importancia en la formación del propio yo. En la hipocondría se pone de manifiesto la sobrecarga de energía negativa y de atención exagerada sobre el o los órganos corporales, en donde se deposita la incapacidad relacional externa, y así sólo es posible relacionarse con el propio cuerpo depositando en él las dificultades, en algunos casos muy serias, hasta el punto de producir enfermedades o lesiones que en general absorben toda la energía psíquica, que termina siendo depositada en el dolor producido en esa determinada zona del cuerpo.

Raras veces aparece la hipocondría como una neurosis aislada. Es más frecuente su hallazgo bajo formas que complican el cuadro en otras afecciones psicológicas como: neurosis de angustia aguda. Para entender un poco mejor este problema de la hipocondría, a veces el retraimiento o la dificultad de relación con los objetos externos se transfiere a los propios órganos, los que pueden ser cargados de hostilidad y hasta sádicos, es decir, que la hostilidad no descargada correctamente sobre el objeto (personas) que la originan se vuelve contra el propio yo, y de esta manera, la hipocondría puede ser una solución autodestructiva originada por la culpa que surge ante el objeto originario de la hostilidad, y sobre el que no se pudo descargar la misma. Debe hacerse la distinción entre sensaciones hipocondríacas y angustias hipocondríacas, aunque ambas pueden estar unidas.

En los casos de angustia hay una sobrecarga dolorosa sobre los órganos más sensibles y predominan justamente las sensaciones hipocondríacas en las que podemos encontrar alteraciones orgánicas reales. Es frecuente en los tratamientos psicoanalíticos descubrir la relación inconsciente entre la hostilidad externa que recibe una persona y su incorporación contra sí misma y sobre su cuerpo ante la imposibilidad de efectuar la descarga adecuada sobre el objeto que originariamente provoca su dolor primario e insuperable: agresiones, sometimientos, desvalorizaciones, desafectos, provenientes del exterior pero con la fuerza suficiente como para imposibilitar toda reacción defensiva, lo que produce un total retraimiento a la capacidad de respuesta y a su imposibilidad, por lo tanto, recurre a la incorporación de esta situación sobre sí mismo y especialmente sobre algún órgano corporal.

Mencionaré que encontramos personas que pasaron por graves angustias en la infancia, a las que se había atemorizado o amenazado durante y que habiendo pasado por procesos agudos de hipocondría pudieron superarla y convertirla en temor, es decir, hacer el paso de: “estoy enfermo o me voy a enfermar” a “tengo miedo a enfermarme”. En la primera situación es más difícil la intervención sobre la persona ya que toda su atención está centrada en la aparición del daño corporal y la energía de descarga está en el cuerpo y con actitudes de cerramiento, lo que dificulta toda ayuda externa. El segundo caso da lugar a la prevención psicofísica del daño subsistiendo en esos sujetos una apertura a la repetición de ayuda antes de producirse el daño real.

Es importante señalar que en la hipocondría se puede comprometer dolorosamente cualquier órgano del cuerpo, puesto que ninguno está exento de ser depositario de la actitud inconsciente hostil psicológica de la persona que la padece, ya que cualquier parte del mismo puede ser receptor sensible de la autoagresión del ser humano que padece este importante trastorno. Para que el planteo teórico se entienda un poco más claramente relataré un caso ejemplificador de esta compleja patología analizado por el Dr. Otto Fenichel: Un paciente con una neurosis vasomotora grave sufría ataques de aparente angina de pecho. Los ataques aparecieron por primera vez cuando el paciente, inmediatamente después de la muerte de su madre, supo que también su padre estaba enfermo de gravedad. El paciente, que era un individuo infantil muy dependiente de sus padres, fue incapaz hasta el momento, de vivir sin ellos y se encontró repentinamente ante el peligro de tener que enfrentar la vida por sí mismo. La aparente angina tenía para él, ante todo, el significado evidente de una identificación con el padre, quien padecía justamente una enfermedad del corazón. El paciente perdió su interés por el padre y por todos los demás objetos y se dedicó a sus ataques y a su miedo a la muerte. Tenía el temor de que su corazón lo abandonara, del mismo modo que en la vida real se hallaba ante el peligro de verse abandonado por su padre. Si bien se sometió, en forma pasiva, a su enfermedad, al mismo tiempo maldecía constantemente su propio corazón, con lo que demostró que había transferido al corazón la ambivalencia amor-odio afrente a su padre.

Los sueños del paciente demostraban la coincidencia entre su actitud hacia su enfermedad y su actitud con el padre. La validez de la equiparación inconsciente corazón=padre significa la incorporación del padre en su corazón y esto originaba sus ataques.

Éstos eran de naturaleza orgánico-neurótica, es decir, eran originados por ciertas respuestas vasomotrices del paciente, las que a su vez se debían a sus emociones reprimidas.

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