La Fiesta del Señor y la Virgen del Milagro: regalo y tarea

Por Padre Oscar Daniel OssolaCura Párroco de San Lorenzo.

Fotos: Lisardo F. Maggipinto – Milagro 2020

Cuando asoma setiembre en Salta, para todos ha llegado también el tiempo del Milagro. Incluso más allá de las convicciones o prácticas religiosas de cada uno, es innegable la importancia de esta devoción a los Santos Patronos de Salta que marca el ritmo espiritual, eclesial y social de cientos de miles de salteños y peregrinos. Por supuesto que en el contexto de la pandemia que sufrimos desde principios del 2020, las prácticas “exteriores” del Milagro son modificadas, pero su sentido esencial y profundo debe permanecer intacto y ojalá más vivo que nunca.

Aquel puñado de criollos y españoles que recibieron en 1592 la imagen de un Cristo Crucificado proveniente de Lima difícilmente hubieran imaginado que andando los años dicho Cristo convocara y motivara la respuesta de Fe de tanta gente. Ya 100 años después de su llegada a Salta, cuando los terremotos de setiembre de 1692 sacudieron con violencia este suelo, esta “historia de amor” entre el Señor y los salteños empezó a tejerse con la ternura maternal de la Virgen del Milagro. Porque la Virgencita caída delante del Sagrario de la Iglesia Matriz, mudando colores su semblante bello”, marcaba el camino tan antiguo y siempre actual para los discípulos de Cristo: No se olviden del Señor… no lo dejen abandonado… hagan lo que Él les diga…”(cfr. Evangelio según San Juan capítulo 2, versículo 5).

Por ello la Fiesta del Milagro salteño tiene como nota distintiva esta presencia maternal e intercesora de la Virgen invitando a la adoración y seguimiento de su Hijo Crucificado, el Señor de la historia y del mundo. No son muchas las fiestas cristianas que unen en una misma celebración la adoración a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y la veneración a su Santísima Madre, la primera redimida, la llena de Gracia: “Gratia plena” (cfr. Evangelio según san Lucas capítulo 1, versículo 28). Probablemente conviene subrayar que la adoración de los cristianos solo se dirige hacia Dios, su Creador y Redentor, el que quiso veniren su milagrosa imagen a buscar como pastor divino a la oveja perdida…”. Y a la Santísima Virgen no la adoramos, pero la veneramos como “gloria de este pueblo, en quien siempre halla todo su remedio”.

«Hay pueblos donde la mano de Dios pareciera haberse detenido en bendiciones. Salta puede contarse entre ellos. Reconocerlo no es afirmación de orgullo o vanagloria, sino la toma de conciencia de una gracia inmerecida y de una responsabilidad inmensa…”. A comienzos de la década del 80, un enamorado del Señor y la Virgen del Milagro, monseñor Arsenio Raúl Casado, expresaba con estas palabras su convicción de que la Fiesta del Milagro es regalo (una gracia inmerecida) y tarea (responsabilidad inmensa), es una Gracia divina que al mismo tiempo provoca y espera la respuesta humana cada día, cada año. Por eso, los salteños y los peregrinos de tantas provincias y países que ya sienten como propia esta Fiesta, queremos renovar el pacto bíblico de pertenencia al Señor como lo hicieron nuestros antepasados: Señor, nosotros somos tuyos y Tú eres nuestro”. La tarde del 15 de setiembre, cuidándonos, desde nuestros hogares, renovamos nuestro Pacto de Fidelidad y expresamos como Pueblo de Dios nuestro compromiso por hacer una Salta, una Argentina, un mundo más vivible, más humano, más justo, donde todos nos veamos como hermanos y jamás como adversarios o enemigos.

Más allá de que no acompañemos físicamente el paso de las Sagradas Imágenes, sabemos que el Señor y la Virgen están con nosotros. Así se lo pedimos con el lema de este año: “¡Quédate con nosotros, Señor!”Y no es casual, entonces, que las intenciones de esta Fiesta del Milagro 2021 nos inviten a crecer en la confianza y el compromiso:

1° Que San José interceda por el pan y el trabajo de cada familia (el Papa Francisco declaró el 2021 como el año de San José).

2° Que aprendamos como Iglesia a caminar juntos y podamos contribuir a la fraternidad y amistad social.

3° Que termine el flagelo de esta pandemia.

La devoción al Señor y a la Virgen del Milagro nos regala la convicción de que tenemos un Padre que es pura misericordia hacia sus hijos, nos arraiga en el valor infinito de cada vida humana a los ojos de Dios y nos compromete en su servicio. ¡Que la Santísima Virgen nos ayude a poner en práctica el mensaje tan actual del Milagro salteño!

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