La noche en vela

Por India Pila

Mañana nublada. Quietud de grises inesperados en toda la magnitud del cielo.

El silencio se rompe apenas con la voz ronca del señor que pasa anunciando sus churros.

Mi cabeza apenas despierta después de horas tan inciertas entre el sueño y la niebla.

Hago el cálculo de los años que hace que he dejado de dormir de corrido. Demasiados.

Noches de buen dormir, mechadas con noches de dormir entre sueños y eternas caminatas en círculo.

No puedo menos que agradecer el desorden de estar con la cabeza encendida en medio de la oscuridad.

He visto estrellas fugaces, tormentas, objetos voladores que no puedo identificar y burros salvajes que, a lo mejor, nadie habría notado de no estar yo allí.

Con mis ojos alargados hacia todo lo negro que me rodea, buscando la vida escondida, los movimientos apenas perceptibles.

Todos duermen, excepto los que no podemos. Los que, después de enredar las sábanas hasta el nudo, abrimos los ojos rendidos ante la evidencia de una situación
que no queremos, pero que es parte de nuestra vida: noche sí, noche no…

Sin palabras no podemos pensar, y mis palabras se desarman antes de llegar.

No puedo pensar después de varias noches de descanso en cuotas.

Sorprendentes sueños y contactos con mi cerebro oculto y, más sorprendentes aún, avistajes en el cielo nocturno.

Aun así, no puedo negar la necesidad de un descanso sano, largo, sostenido, despreocupado, inocente.

No son las circunstancias. Puedo encontrar nobles excusas; es lo que hago con ellas.

No sé bien lo que le sucede a mi cabeza para que, después de unas horas de sueño, me despierte solo para eso: para despertarme y molestar mi descanso, para no poder hacer nada más
que mirar sin ver.

Porque no es hora de ver hacia afuera. Es hora de dejar que el cerebro trabaje mientras nosotros nos relajamos un poco. De que él solo se mire hacia adentro y haga sus curaciones.

La gran reparación nocturna.

La melatonina y sus genes amigos trabajando para que no haya tumores, la hormona de crecimiento reparando tejidos, el sistema inmune patrullando nuestras calles para
detectar bacterias nocivas, algún virus.

Baja mi eficiencia, mi salud, mi productividad.

Si no descanso bien, no soy yo misma.

Este descanso nocturno es fundamental.

Dormir es más importante que comer.

Escribir la preocupación antes de dormir, en un papel pequeño.

No abrir el teléfono después de las 9 de la noche.

Meditar.

Dormir.

Reparar.
Reparar.
Reparar.

Seguinos!

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