Narcisismo: cuando todo gira alrededor del ¨yo¨

Por Silvia M. Balut

En los últimos años, el término “narcisista” se ha vuelto parte del lenguaje cotidiano. Lo escuchamos en conversaciones, redes sociales y medios de comunicación, pero pocas veces nos detenemos a comprender qué hay realmente detrás de esta palabra.

En psicología, el narcisismo describe un patrón de pensamiento y conducta marcado por un sentido exagerado de auto importancia, una necesidad permanente de admiración y una dificultad para ponerse en el lugar del otro. Es importante diferenciar que todos podemos mostrar rasgos narcisistas en ciertos momentos, pero cuando estas características se consolidan y afectan de forma estable la vida de una persona y sus vínculos, se habla del Trastorno de Personalidad Narcisista (TPN), diagnóstico que solo puede realizar un profesional de la salud mental.

Detrás de la aparente seguridad, el narcisista suele ocultar una gran fragilidad interna.
Su autoestima depende del reflejo que recibe del entorno: necesita ser admirado, temido o deseado para sentirse valioso. Por eso, reacciona mal ante las críticas o la falta de atención. En sus vínculos más cercanos puede mostrarse encantador al principio —idealiza, seduce y promete—, pero cuando siente que pierde el control o que la otra persona ya no lo valida del mismo modo, puede pasar a la devaluación y el desprecio.

Esta dinámica cíclica de idealización–control–devaluación genera un fuerte desgaste emocional en quienes se relacionan con él. El narcisista suele manipular con sutileza: distorsiona los hechos, proyecta sus inseguridades en el otro, y utiliza la culpa o el silencio como formas de dominio. Todo esto ocurre mientras mantiene una fachada de confianza y carisma que confunde y atrapa.

Aunque parezca seguro, su punto débil está en su miedo a la vulnerabilidad. Al no tolerar sentirse pequeño o dependiente, evita toda emoción que lo confronte con su vacío interno. Esa desconexión emocional le impide establecer vínculos profundos y auténticos, volviéndolos superficiales y, muchas veces, conflictivos. Su necesidad de control, unida a la falta de empatía, genera dinámicas de manipulación y desgaste emocional. Aunque proyecten seguridad, el punto débil del narcisista está en su fragilidad interna y su necesidad constante de validación.

¿Qué hacer si creemos estar frente a alguien con estas características? En primer lugar, recordar que el diagnóstico corresponde a un profesional de la salud mental. Y en segundo lugar, lo más importante: cuidarnos a nosotros mismos. Conocer estas dinámicas nos permite poner límites, reconocer el abuso emocional y proteger nuestra energía emocional.

En los últimos tiempos se ha vuelto común escuchar frases como “mi jefe es un narcisista” o “mi ex tiene un trastorno”. Si bien estas expresiones pueden sonar cotidianas, es importante no usar de manera coloquial diagnósticos clínicos. La salud mental es un tema serio que merece respeto, y solo los profesionales capacitados están en condiciones de evaluar y poner un nombre a lo que ocurre. Hablar con ligereza de trastornos puede banalizar el sufrimiento de quienes realmente los padecen.

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