UN LIBRO COMO ESCUDO

Todos los días aprendo algo nuevo, pero lo que aprendí adentro del aula no me lo olvido jamás, no sé si porque fui o soy un poco nerd o porque siempre admiré a los maestros. El día que le demos a nuestros maestros el lugar que se merecen otro será nuestro país.  Educación es igual a libertad y así trato de educar a mi hijo…Me da mucha pena cuando veo niños que no tienen opción a la libertad porque su ignorancia en el futuro los hará esclavos.

No puedo hablar de educación sin acordarme de mi abuela Susana, una mujer que estudio letras, una maestra que después fue profesora y más más tarde licenciada hasta llegar a ser doctora en letras…Toda una vida estudiando, armando diccionarios de la Real Academia Española en Madrid o analizando la obra de Juan Carlos Dávalos en Salta…Ella es la prueba de que la educación nos hace libres y nos da alas para llegar ahí donde queremos estar.

La Susy me explicó el realismo mágico como quien abre la puerta para ir a jugar, con la simpleza de quien sabe bien las cosas para no poner palabras difíciles…Siempre me recomienda libros y yo los leo, después los recomendó porque me encanta que alguien lea un libro bueno, ya que al comentarlo siento que lo leo dos veces…Me regalo las obras completas de Óscar Wilde y las de Rainer María Rilke de la edición Aguilar que me gustan, las de Shakespeare se las quedo porque lo necesita cuando analiza “El Quijote”.

Cuando todos me llamaban Cutu mi abuela busco en todos los idiomas algún significado a mi apodo, hoy puedo decir que Cutu soy yo y punto, ya con eso basta. Ahora Cutusu es una marca registrada donde hago lo que me gusta todos los días.

“Siempre podés leer Cutu” me dijo mientras buscaba unos chocolates que guarda en una caja con llave en el comedor. En ese momento, para mí, el mundo se detuvo y entendí que pase lo que pase voy a poder esconderme en una novela. Hoy siento los libros como un escudo ante cualquier situación, puedo estar esperando en la sala del dentista, pero si estoy leyendo Rayuela me siento perdida en Paris con la Maga y Oliverio. Si leo a Wilde me rio sola del Londres de la Reina Victoria y su puritanismo…Si leo Borges vuelvo a leer otra vez el párrafo y lo pienso dos veces, hay escritores con los que no se puede volar demasiado, tengo que estar atenta a cada punto y coma, es algo así como una gran meditación…

Tengo que pasar muchas horas en una librería antes de elegirle un libro a mi abuela, es probable que ya lo haya leído o que no sea buena para ella…En el fondo es mejor comprarle un buen chocolate amargo…Cuando la visito, la encuentro en la galería que da a la pileta con el último tomo de Ken Follet y un vaso de jugo de manzana en la mesa, sentada, sola, en silencio…Me cuesta no identificarme en esta situación donde las piernas se acalambran  de estar en la misma postura…Me da alegría pensar que no importa los años, siempre habrá un buen libro para leer.

Una vez mi abuelo Leonardo nos llevó a todos los nietos a elegir juguetes a una gran juguetería, todos salieron corriendo del auto, yo salí al último caminando despacio al lado de él. Cuando llego el momento de pagar había todo tipo de juguetes ruidosos y enormes y un diario. Mi diario. Mi abuelo, un ser amoroso, intento convencerme de mil modos de que elija algo más moderno, algo mejor, pero mi decisión ya estaba tomada y no la pudo cambiar. Cuando llegamos a San Lorenzo lo único que me dijo me abuela fue: cuando escribas hacelo sola. A ella no le debe haber parecido tan mala mi idea del diario.

En un mundo donde ya nadie sabe la historia completa porque todos buscan la parte que precisan en wikipedia y la citan como grandes conocedores de lo que sucedió, mi abuela pertenece a ese grupo selecto de personas que lo que sabe lo sabe bien, los que leyeron el libro completo para poder hablar de la historia, los que estudian de las fuentes y no de alguna gacetilla de moda…Y yo no puedo más que admirar a esas personas.

Hoy, cada vez que abro un libro me acuerdo de mi abuela y le agradezco profundamente la tranquilidad de saber que jamás estaré sola o aburrida.

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