Huaity González a fondo

Texto: Gabriela Parentis
Fotos: Juan Aranda
Colaboración: Macarena Maristany

Huaity González es un reconocido periodista, dueño de un estilo indiscutido, y revista abc quiso entrevistarlo para conocer un poco más de su vida, su presente, sus pasiones e ideales. En una cálida conversación, con mate de por medio, abrió su corazón y mostró al hombre detrás del profesional.

Entre tantas cosas, nos contó que es amante de los libros, la historia y el trabajo de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes y Juan Rulfo. Además, según sus palabras tiene una trilogía que lo deslumbra: Astor Piazzolla, Luis Alberto Spinetta y el Cuchi Leguizamón. Elige la provincia de Salta desde hace mucho tiempo para vivir, le fascinan los Valles Calchaquíes y en especial Seclantás. ¡No te quedes sin leer esta nota!

¿Hace cuánto arrancaste en el periodismo?

Arranqué en el 86 cuando estaba empezando la facultad. Nunca quise hacer esto, pero en Tucumán empecé en la radio porque siempre tuve la voz gruesa y en esa época se empezaron a abrir las FM.

Empecé en un programa que se llamaba “Buen Humor”, en la Rock&Pop. No ganaba un peso. Después abrieron una radio que se llamaba FM Alberdi, en la que pasaba música romanticona, y como les gustó mi voz me contrataron para hacer un programa a las 12 de la noche, como digo yo, de música de mueble. Ahí empecé a ganar mis primeros mangos.

Después empecé a trabajar en FM Ciudad y volví a Rock&Pop, pero ya pagado.

En el 88 vuelvo a Salta y empiezo a trabajar en distintas radios como ABC, Láser Noa y en Ecos del Norte, pero antes también escribía en distintos medios y estuve en Buenos Aires. De ahí no paré más.

Si tenés que medir, poner en una balanza, ¿qué es lo que te gusta más?

Escribir. Me encanta, pero pareciera que es un medio que se está extinguiendo en el siglo XXI. Creo que todavía la prensa escrita tiene más “peso” en cuanto a “seriedad”, si está escrito es más valioso, y cuando alguien menciona algo, siempre se menciona una cita que está escrita. Yo creo que va a quedar, porque es  lo tangible, porque en realidad yo puedo hablar todo el día, pero ¿cuánto puede quedar? Ese es el tema.

El tema de escribir es como digo, es pintar un cuadro. Es traducir la realidad en palabras. Tengo que describir situaciones, transmitirle a la gente si hay dolor, si no hay dolor.

Yo siempre recuerdo cuando trabajaba en El Tribuno y recibía cartas de la guerra de Kosovo, la cantidad de muertos, bombardeos, y era como parte de guerra de todos los corresponsales. Me acuerdo clarito el comienzo de una crónica que decía: “Kosovo huele a muerte” y con esa simple introducción se resumió todo lo que hay en la guerra. Esa capacidad para poder decir todo en pocas cosas, eso tiene la gráfica principalmente.

¿Te gusta escribir sobre algo en particular?

Yo soy un fanático de la historia. Pero también tengo un libro de cuentos, que es algo que me encanta. Me parece la forma más bella y difícil de escribir algo. La novela implica una extensión de tiempo en donde vos podés hacer jugar los personajes en muchas situaciones. Tenés que tener resolución, suspenso. Por eso mi autor favorito es Jorge Luis Borges, el más grande cuentista que existió. Borges jamás escribió una novela, hizo poesía y cuentos.

Además me gustan mucho los escritores latinoamericanos como Sábato. Tengo una relación amor-odio con Cortázar, que tiene cosas que me encantan y cosas que no soporto. Me fascina Carlos Fuentes, que era mexicano, y Rulfo me parece maravilloso.

Y eso es un poco lo que mamé del siglo, pero si tengo que escribir aparte del cuento, me gusta la historia.

Sos de esas personas que tiene anécdotas en todos lados o con todo el mundo. ¿Es algo que creés que te define?

Lamentablemente, sí. Creo que más que anécdotas, lo que me pasó es que viví muchísimo en un montón de situaciones, lugares y con un montón de personas. Tengo 55 años y eso significa que he vivido mucho y que estoy en una edad en la que tengo más pasado que futuro. Tengo una vida fantástica y me tocó vivir un montón de aventuras.

Siempre digo que mi vida se define en murmullos. Cuando era chico, íbamos a pasar las vacaciones a Tucumán, de donde era mi viejo. Cada vez que llegábamos, yo tenía la idea de que era la Segunda Guerra Mundial porque en las esquinas había bolsas de arena con ametralladoras pesadas y militares en todos lados. Cuando entrabas te paraban y te hacían bajar del auto para revisar a todos y recién podías pasar. Y siempre eran las conversaciones de los adultos en voz baja por las noches. Después vinieron las tragedias familiares: un primo murió en Faimallá, a otro lo mataron en Tucumán, en el centro, otra prima tuvo que escaparse del país. Eso fue en mi primera infancia.

Una vez estábamos jugando en una plaza y pasó un tipo de civil que decía que era policía y nos llevó presos. Teníamos 14 años y estuvimos todo el día en una comisaría porque se le ocurrió. O cuando íbamos al cine, teníamos que hacer fila y de repente llegaban autos, se estacionaban donde querían y empezaban a correr a la gente porque tenía que entrar no sé qué cabo y no pagaba entrada. Era un abuso espantoso. Y eso me quedó grabado a fuego y es algo que detesto horriblemente.

¿Creés que todo eso fue marcándote y llevándote por la vida política o el periodismo?

Sí, me marcó mucho. Tanto es así que cuando fui a Tucumán en el año 82 después de la guerra de Malvinas, ahí me pasó una anécdota. En aquella época se empezaron a organizar una serie de marchas en todo el país contra ladictadura. El 30 de marzo hacen una marcha. Yo recién llegaba a Tucumán, había hecho el ingreso para estudiar. Ese día terminamos todos presos y nos liberaron el 2 a la tarde porque un milico había dado un discurso y tomaron Malvinas. Entonces, entré preso en un país que odiaba a los militares y cuando salí, estaba todo lleno de banderas y tocaban bocinas alentando al ejército. Fue un choque muy duro.

Mis hijos tuvieron la enorme suerte de crecer en un país en el que no encontrás muertos en las calles, donde no frena un auto para tirarte un muerto en la esquina y no te levantás haciendo un recuento de muertos. Eso es fantástico y eso lo logramos.

Llegó la época de la militancia política, me metieron preso, eran épocas difíciles. Mi hijo hoy tiene 22 años y yo me pongo a pensar que cuando yo estuve preso y me pegó la policía hasta casi matarme tenía 17. Y mis compañeros de militancia de la Franja Morada también tenían 17 o 18 años; no sólo éramos varones, también había chicas que recién salían de sus casas y de una educación súper conservadora a encontrarse con una vida y militancia extremadamente violentas y peligrosas. Ahí empezó mi militancia política en Franja Morada en la Unión Cívica Radial en 1982.

¿Por qué decidís involucrarte en la militancia?

Yo tengo el enorme orgullo y suerte de ser parte de una generación que cuando se hizo un planteo político, lo cumplió. Cuando Alfonsín dijo que nunca más iba a haber un gobierno dictatorial en la República Argentina, nosotros hemos cumplido generacionalmente con eso. Porque no significa que un partido político, no significa que la Unión Cívica Radical únicamente, si no que toda una generación se puso de acuerdo para nunca más golpear un cuartel, nunca más recurrir a las armas, nunca más hacer un golpe de Estado. No es privativo de la UCR, sino que es una generación de un país y yo soy parte de esa generación, milité fuertemente para que eso suceda. Y eso me hace sentir bien porque mi generación cumplió su trabajo. Lo que estoy pidiendo es que las generaciones que vengan lo cumplan. No importa si son del peronismo, del socialismo, en eso todos nos pusimos de acuerdo y cumplimos, y eso demuestra que si nos ponemos de acuerdo podemos lograr la meta.

Y por eso milito en política, por ese compromiso que tuve. Por eso hay gente que conozco hace 40 años que sigue militando en otros partidos políticos y nos reconocemos, y eso es lo importante de todo esto: militar, no sólo en un partido político, sino en todos los compromisos que sean necesarios para mejorar socialmente lo que tenemos, sea protección al medio ambiente, en las causas feministas. Todos son válidos. Lo que no es válido es el cinismo y la indiferencia.

¿Qué valores tiene para vos el periodismo? ¿Qué significa para vos?

El periodismo para mí es, primero, mi modo de vida. No soy un periodista universitario, no estudié periodismo, mientras estudiaba empecé a hacer periodismo. Estaba estudiando geografía y después historia, nada que ver.

Quizás lo único bueno que tenía es que siempre supe escribir muy bien y tenía una ortografía obsesiva.

¿Quién te inculcó eso?

Nadie. En mi casa nadie leía, nadie escuchaba música, nadie consumía arte, excepto yo. Ahora mis hijos sí, por supuesto, y mis sobrinos también. Empecé a leer solo porque antes siempre había bibliotecas en las casas y yo empecé a devorarme todo lo que encontraba.

Los periodistas somos algo así como los historiadores del momento, los que damos registro. También somos los chismosos de la historia, porque el chisme no requiere a veces demasiado análisis y nosotros chusmeamos todo el día. El historiador es otra cosa. Es el que busca razón, explica, busca documentación, establece relaciones con el pasado, el presente, etc.

El laburo de los periodistas es fundamental en muchísimas cosas, pero tampoco somos imprescindibles, para nada. Creo que somos uno más del montón y que tenemos la responsabilidad únicamente de poder transmitir algo. Y con las nuevas tecnologías ahora todo el mundo puede transmitir algo, pero no nos confundamos, no todo el mundo puede ser periodista.

Si tuvieras que mirar atrás y pensar en las decisiones que fuiste tomando en tu vida, ¿cambiarías algo?

No sé. Volví a Salta porque soy de acá y después me quedé en Salta por mis hijos. Tuve oportunidades de ir a trabajar a otros lados, pero me quedé por ellos. Aparte amo esta ciudad, amo esta provincia, la adoro. Disfruto muchísimo viajar al interior y en vez de irme a Europa, prefiero irme a Nazareno. Conozco los pueblitos más inaccesibles de Salta, los hice en moto, a caballo o en camioneta, porque me fascina, me encanta. Y es mi lugar en el mundo, yo elegí quedarme acá, no me quiero ir. Pero no sé qué hubiese pasado. Posiblemente, si no hubiese tenido hijos me hubiese ido y ya estaría de vuelta; pero la segunda decisión de quedarme acá fue pura y exclusivamente para estar cerca de mis hijos. Es una ciudad fantástica para criar chicos.

Lugares que te representan acá en Salta…

La ciudad, amo esta ciudad. Yo nací en Aguaray, en realidad, nací en Campamento Vespucio y viví en Aguaray. Me gusta mucho el norte, pero lo que más me fascina son los Valles Calchaquíes y en especial un pueblito que se llama Seclantás, que me parece precioso. Y mi sueño es irme a vivir ahí los últimos años de mi vida. No me interesa la playa, las palmeras; me interesa Seclantás porque me parece un lugar increíblemente hermoso, y espero que siga así medio escondido y opacado por Cachi, para que siga manteniendo esa preciosura.

Huaity, tu nombre, ¿qué significa?

Mirá lo que son las cosas, el implicado es un político muy conocido en la provincia de Salta. Cuando éramos chicos recién se empezaba a expandir la ciudad y en el 76, 77, vivíamos en El Tribuno. En esa época no había colectivos y teníamos que tomar uno que iba hasta Cerrillos para venir al colegio.

Como queríamos dar referencia de dónde vivíamos porque nadie conocía, nombrábamos la última estación de servicio que había en Salta, la estación de servicio Hauytiquina. Entonces a todos nosotros nos decían los Huaytiquina. Pero Pablo Kosiner empezó a decirme a mí únicamente Huaity, y desde ahí incluso mi madre me dice Huaity. No hay forma de usar otro nombre, es más, no tengo otro nombre, y el responsable de eso es el diputado nacional Pablo Kosiner.

¿Hoy cómo es tu trabajo en Salvador?

Con Salvador fue todo un tema. Tardamos 8 meses en sacarla. Surgió cuando yo trabajaba como uno de los corresponsales del diario El Intransigente en Salta, después renuncié. Fue un medio en el que trabajé muy bien, muy cómodo, pero que al último me cansé, me aburría y decidí irme.

Ya habíamos charlado con Juan Aranda de hacer una publicación política, pero no sabíamos cómo hacer, le faltaba esa vuelta de rosca que se dio con el diseño de tapa. El interior ya lo tenía pensado, pero le faltaba algo más y la idea de tapa fue de Juan. La verdad es que generó mucha polémica y un gran revuelo. Y ahí vamos, va a cumplir un año dentro de un mes. Pasó rápido el tiempo.

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